
Diez inesperados gestos
de un Papa sorprendente
En la noche en la que fue electo, el nuevo Papa pidió al Nuncio Apostólico en Buenos Aires que trasmitiese a los obispos, y después a los fieles argentinos, que no viajasen a Roma para la inauguración de su pontificado, el próximo día 19. Sugirió que el dinero de los viajes fuese canalizado hacia los pobres, en gestos de solidaridad y de caridad.
Quien conoce al Papa comenta que no es ésta una actitud extraordinaria en él, sino bastante natural en él, parte de su estilo. El Papa, obviamente, no impedirá a los argentinos que vayan a Roma, sino que prefiere aconsejarles que demuestren su cariño de una forma diferente.
Ya en febrero de 2001, cuando fue nombrado cardenal por Juan Pablo II, Jorge Mario Bergoglio les pidió exactamente lo mismo a los católicos que deseaban acompañarle. Resultado: el cardenal argentino tuvo entonces una de las delegaciones más pequeñas de aquel consistorio.

Todavía alojado en la Casa de Santa Marta, mientras que se prepara el apartamento papal, realiza las comidas con el resto de los cardenales. Cuando llega al comedor busca cualquier lugar libre para sentarse a la mesa, como todos los demás.
Después de saludar a la gente desde el balcón de la Basílica de San Pedro, ya como Papa Francisco, rechazó el coche oficial. El Cardenal Timothy Dolan describe así este momento a la cadena de televisión estadounidense CBS: Hay cinco o seis autobuses para llevar a los Cardenales de vuelta a la Casa Santa Marta. Allí estaba también el coche del Santo Padre y la escolta, la seguridad, el conductor. Pensé que todo había vuelto a la normalidad, que el coche del Papa volvería a realizar su servicio. Nos fuimos en autobús. Otros Cardenales esperaban para saludar al Papa. Cuando el último autobús llega, ¡adivinen quién desciende!. El Papa Francisco. Me lo imagino diciéndole al conductor del coche oficial: No hay problema, voy a ir con los muchachos en el autobús.
Este viernes por la mañana, después de la audiencia, volvió a ir en bus con todos los demás cardenales, como lo demuestran las fotografías tomadas en el interior del vehículo.
También, cuando salió por primera vez del Vaticano, el jueves para acercarse a la Basílica de Santa Maria la Mayor, renunció al fuerte aparato de medidas de seguridad y a los vehículos habituales. No quería una comitiva y utilizó un coche sencillo, dejando de lado lo dispuesto por la gendarmería, la policía vaticana.
4. Quisiera pagar la cuenta, por favor
A su regreso al Vaticano, después de su primera iniciativa como Papa rezar ante Nuestra Señora quiso hacer un alto en el camino. Fue a la Casa del Clero, donde estuvo hospedado, para recoger sus maletas y pagar la cuenta. Según el portavoz del Vaticano, quiso dar ejemplo de que lo que todos los sacerdotes y cardenales deben de hacer.

Ya en la Casa del Clero, quiso saludar a todo el personal. Éste es el lugar donde acostumbraba a hospedarse cuando venía a Roma, por lo que conoce a la gente ya de años. Quien asistió a este momento lo describe como muy conmovedor. El Papa Francisco recordaba el nombre de todos y cada uno, y a todos fue preguntando por sus familias y situaciones personales.
En el encuentro con todos los cardenales, el viernes por la mañana, fue muy cálido, cariñoso y sobre todo, se le notó relajado. Tropezó en un momento dado en las escaleras de la Sala Clementina, pero continuó tranquilamente la audiencia, sin parecer incomodado por la desgracia.
Los Cardenales se alineaban en cola para saludarlo; en el caso de los cardenales procedentes de China y Vietnam fue el Papa quien besó sus anillos, como signo de respeto por la difícil situación de los católicos en aquellos países. También abrazó a algunos cardenales y saludó a la mayoría con dos besos.
Cuando el Cardenal sudafricano Napier le ofreció una pulsera de goma amarilla y verde, de una campaña de la Iglesia en su país, se la puso inmediatamente en su muñeca derecha. Aceptó una foto con D. José Policarpo, patriarca de Lisboa, y otros dos cardenales.

También con los cardenales, a quienes llama hermanos y a los que se refiere como una comunidad basada en la amistad, brinda con esta palabras después de la elección, en la cena: Que Dios os perdone por lo que habéis hecho.
8. Renuncia al oro y a los zapatos rojos
Continúa usando los zapatos que trajo de casa, no adopta el calzado rojo habitual y que tenía disponible a su medida en el momento en que se preparaba para aparecer vestido de blanco después de la elección. Continúa usando una cruz sencilla de metal, la misma que usaba incluso antes de ser obispo; rechazó la cruz de oro y piedras preciosas.

9. Improvisando
En todos su actos públicos en los que habló, siempre improvisó. Improvisó en su primera homilía, en la Capilla Sixtina. Una homilía sencilla, asequible y en italiano, a diferencia de Benedicto XVI, que hizo la suya en latín. Y de pie, en el ambón, no en la silla papal. Volvió a improvisar su homilía en la misa de esta mañana en la Capilla de Santa Marta, y en el encuentro con los cardenales.
10. Me inclino ante vuestra oración
Justo cuando se le anuncia como Papa y aparece ante los fieles en la Plaza de San Pedro, comienza dando algunas señales de que su comportamiento no será igual a los demás jefes de la Iglesia Católica. No utiliza la capa roja de los pontífices e iba simplemente de blanco, como San Pío V, el papa dominico que no quiso reemplazar el hábito blanco de su orden y así comenzó la tradición de las vestiduras papales blancas.
Quiso tener a su vera al cardenal vicario de Roma, en el balcón, algo sin precedentes. No habló formalmente en latín. También, de original manera, pidió a todos que rezasen por él, mientras se inclinaba ante la multitud. Puso a todos a rezar las oraciones principales de la Iglesia: un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.
Albina Moreno
NADA TE TURBE











