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Domingo 4º del Tiempo Ordinario.
Evangelio Marcos 1,21-28

Jesús entra en la sinagoga de Cafarnaúm, enseña curando, libera del mal que se le había metido dentro a un pobrecillo. Lo hace con autoridad, no con autoritarismo.
 La buena noticia, que trae Jesús, hace lo que dice, es creadora de nueva humanidad. Los que estaban presentes ven esta novedad; quedan maravillados.
¿Le damos ahora a Jesús el poder de sanar y la capacidad de sorprendernos? ¿Acogemos su grandeza en nuestra debilidad?


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“Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen”.
Jesús comunica Espíritu y vida.
Este es el camino que enseña a sus amigos: mandar, en su nombre, que salgan los males de la vida, luchar contra todo lo que destruye la dignidad del ser humano.
La palabra de Jesús quita los miedos, libera
Basta asomarse al acontecer cotidiano para medir la hondura del sufrimiento causado por el mal moral. La reacción violenta de los mejores indica hasta qué nivel el pecado corroe los corazones y las mentes. Jesucristo elimina el mal de los corazones y de la sociedad, por ello es resistido hoy, hasta la persecución cruenta de tantos cristianos.
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“Su fama se extendió enseguida por todas partes”.
¿Cómo se puede cortar al perfume su camino? ¿Acaso pueden las aguas torrenciales apagar el amor? Los que creen en Jesús anuncian la buena nueva por todas partes, no se pueden callar

ALBINA MORENO
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